domingo, 13 de abril de 2014

Torrijas

No soy nada original, así que voy a poner una receta de torrijas como están haciendo en otros muchos blogs. Cuando se aproxima la Semana Santa es casi preceptivo elaborar este dulce tan típico.

En la página de Itinerarios y Mapas de Michelín dicen:
No se sabe con exactitud en qué momento comenzaron a elaborarse las torrijas tal y como hoy las conocemos, pero se cree que este postre se remonta al siglo XV. Fue en varios conventos durante la Edad Media, donde las monjas decidieron aprovechar el pan sobrante y preparar un dulce que aliviara un poco el duro ayuno de la Cuaresma. Poco a poco se extendió la receta entre el resto de la población, primero a los palacios y las familias ricas, y después al resto de los hogares, convirtiéndose en el postre casero por excelencia para conmemorar la Semana Santa.
En aquella época, la elaboración de las torrijas variaba bastante en función del lugar donde se realizaran y del poder adquisitivo del “cocinero”. Las familias más ricas, por ejemplo, solían realizarlas con la mejor leche, las rebozaban en huevo, las doraban en aceite y después espolvoreaban azúcar y también canela. En los hogares más modestos a veces las torrijas se realizaban sin huevo, y la canela era sustituida por almíbar. Fuera de las casas también se consumían torrijas. En las tabernas era un postre que se servía a los clientes durante la Cuaresma, pero en este caso en lugar de utilizar leche, el cocinero bañaba el pan en vino y una vez frito, le espolvoreaba azúcar en polvo. 
Mi madre hace dos tipos de torrijas, unas en Navidad a las que llamamos "Tostadas de miel" y las torrijas-torrijas, que se hacen en Semana Santa y son de pan mojado en leche, rebozado en huevo y espolvoreado con azúcar y canela. Creo que la torrija perfecta tiene que quedar cremosa por dentro y firme por fuera, esto se consigue utilizando pan del día anterior y dejando que se empape bien. Hay que pillarle el punto para que no se rompa la rebanada cuando se reboza en el huevo. También quedan muy buenas con el pan especial que venden ahora para hacer torrijas.





Ingredientes:

- Pan del día anterior o pan para torrijas. Con estas cantidades me han salido 20 rebanadas grandotas.
- 1 y 1/4 l. de leche entera.
- La corteza de un limón.
- Un trozo de canela en rama.
- 6 cucharadas de azúcar blanco (o las que os parezca, según lo dulce que las queráis hacer).

Para rebozar:
- 2 huevos batidos.

Para espolvorear:
- Azúcar y canela mezcladas.

Aceite de girasol para freír.

Elaboración:

Hervimos la leche con la canela en rama y la corteza de limón. Añadimos el azúcar y coceremos unos minutos más. Dejamos que se temple y sacamos el limón y la canela.

Cortamos el pan en rodajas de unos 2 cm, las colocamos en una fuente con laterales para que empapen mejor y las dejaremos unos 10 minutos o un poco más hasta que se empapen bien.

Tienen que quedar bien empapadas pero no chorreando, las pasamos por el huevo batido (en un cuenco se manejan mejor que en un plato) y las freiremos en abundante aceite por los dos lados. Tenemos que ir controlando la temperatura del fuego para que no se nos quemen, A veces es necesario retirar un poco la sartén para bajar la temperatura. Conforme vayamos sacando las torrijas de la sartén las colocaremos en una fuente con papel de cocina para que suelten el exceso de aceite. Dejaremos que se escurran por un lado y luego les daremos la vuelta para que pierdan aceite por los dos lados.

Por último, se rebozan o se espolvorean bien con la mezcla de azúcar y canela. Hay que comerlas en el día, incluso un poco tibias...aunque a mí me encanta que sobren para desayunar al  día siguiente.


Un libro:

La torrija es muy española, muy de Cuaresma y Semana Santa, muy humilde y...con canela. Pues todo eso me ha llevado a la pobrecita Marianela de Galdós porque era muy humilde, religiosa y la llamaban "La hija de la Canela".

Teodoro se inclinó para mirarle el rostro. Este era delgado, muy pecoso, todo salpicado de menudas manchitas parduzcas. Tenía pequeña la frente, picudilla y no falta de gracia la nariz, negros y vividores los ojos; pero comúnmente brillaba en ellos una luz de tristeza. Su cabello dorado-oscuro había perdido el hermoso color nativo por la incuria y su continua exposición al aire, al sol y al polvo. Sus labios apenas se veían de puro chicos, y siempre estaban sonriendo; pero aquella sonrisa era semejante a la imperceptible de algunos muertos cuando han dejado de vivir pensando en el cielo. La boca de la Nela, estéticamente hablando, era desabrida, fea; pero quizás podía merecer elogios, aplicándole el verso de Polo de Medina: «es tan linda su boca que no pide». En efecto; ni hablando, ni mirando, ni sonriendo revelaba aquella miserable el hábito degradante de la mendicidad callejera.(...)-María Nela me llaman y también La Hija de la Canela. Unos me dicen Marianela, y otros nada más que la Nela.
Una canción:
A veces tengo unas asociaciones de ideas un poco extrañas. El otro día escuché en la radio "El mundo tras el cristal" de la Guardia, canción que salía en el disco Vámonos de 1988, y pensé que esa chica de la canción a la que nadie escribía cartas de amor y nunca había tenido un príncipe azul, tenía tan mala suerte en el amor como Marianela... ¿Que no? ¡Pues oye, a mí me la recordó! 


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