domingo, 7 de junio de 2015

Tarta de queso japonesa

Buscaba una tarta de queso y la que proponen en el blog Webos fritos me ha parecido original y distinta a las que había probado. Por lo visto este pastel se consume mucho en Japón, los chefs de ese país lo incluyen en sus libros y está muy difundida en los blogs de cocina, pero yo no la conocía.

He seguido la receta al pie de la letra porque me da la impresión que no es de las que admite demasiados cambios. El chiste está en montar las claras a punto de nieve muy firme. En la receta utilizan ácido tartárico para estabilizar las claras y que no se caigan. Podéis usar Cremor Tártaro o el sobre blanco de las gaseosas para repostería que se puede comprar en Mercadona. Pero lo esencial es tener una batidora con varillas (que es la que tengo yo) o una de esas maravillosas amasadoras que hacen de todo. 

No puedo decir que, de las tartas de queso, ésta sea mi preferida. Tanto la Tarta de queso al horno como la Tarta de queso fría me gustan más porque, aunque la cantidad de azúcar sea parecida, el resultado es más dulce y. como llevan nata, quedan más cremosas. Pero es cuestión de gustos. Este pastel es más esponjoso. Entre bizcocho y sufflé.

He hecho dos presentaciones, una con mermelada de cerezas y otra con azúcar glass, de las dos formas está buena. A mí me gusta más con mermelada. Creo que le quedaría muy bien también una crema de chocolate o una salsa de Toffe, como las que utilizo en esos enlaces que os he puesto.

Si tenéis alguna duda podéis preguntarme e intentaré resolverla.


Ingredientes:
Con estas cantidades he tenido para hacer una tarta redonda en un molde de 20 cm de diámetro x 6 cm de altura y me ha sobrado para llenar hasta la mitad un molde de plumcake de 23 cm de largo x 11cm de altura. Si usáis sólo un molde, por ejemplo el de plumcake lleno o uno cuadrado de 20 cm, como usan en el blog que he consultado, o alguno redondo de paredes más altas, tendréis que hornearlo 55 minutos.
  • 140 g de azúcar blanquilla.
  • 250 g de queso crema para untar.
  • 60 g de Maizena®
  • 60 g de harina de trigo normal.
  • Una pizca de sal.
  • 1 cucharada sopera de zumo de limón.
  • 100 ml de leche.
  • 50 g de mantequilla a temperatura ambiente.
  • 6 huevos.
  • 5 g de Cremor tártaro (podéis utilizar el sobre de ácido tartárico que viene en las gaseosas de papel para repostería).
Preparación:
  1. Precalentamos el horno a 160º y colocamos una fuente con agua para hacer un baño María. 
  2. Utilizaremos un cuenco grande y colocaremos el queso con la leche, lo mezclaremos con una batidora de varillas, seguidamente incorporaremos la mantequilla, la sal, el zumo de limón, las yemas y, cuando tengamos una crema homogénea, las harinas y el ácido tartárico.
  3. Montaremos las claras a punto de nieve fuerte y las añadiremos a la preparación anterior con una paleta haciendo movimientos envolventes para que no se bajen.
  4. Untaremos el molde con mantequilla o utilizaremos papel de horno. Llenaremos el molde sin que llegue al borde y lo introduciremos durante unos 50 minutos al baño María que tenemos en el horno. 
  5. Transcurrido este tiempo apagaremos el horno, abriremos un poco la puerta y dejaremos el pastel 5 minutos más. Sacaremos el molde y lo dejaremos enfriar totalmente sobre una rejilla antes de desmoldarlo. Lo guardaremos en la nevera hasta que lo consumamos.
Un libro
He buscado una obra japonesa para maridar esta tarta. "La tumba de las luciérnagas" es una novela corta de Akiyuki Nosaka escrita a finales de 1967. Se trata de un desgarrador relato sobre las consecuencias que tuvo la guerra de Japón contra EEUU en los niños. Como siempre son ellos los peor parados en las contiendas bélicas. Las cosas no están mucho mejor hoy en día.
"En la madrugada del veintiuno de septiembre del año veinte de Shôwa, un día después de que se aprobara la Ley General de Protección de los Huérfanos de Guerra, el emplead de la estación que inspeccionaba medrosamente las ropas infestadas de piojos de Seita descubrió bajo la faja una latita de caramelos e intentó abrirla, pero, tal vez por estar oxidada, la tapa no cedió. ¿Qué es eso?», «¡Déjalo ya! ¿Tira esa porquería!», «Éste tampoco durará mucho. Cuando te miran con esos ojos vacíos, ya no hay nada que hacer...», dijo uno de ellos, observando el rostro cabizbajo de otro niño vagabundo, más pequeño aún que Seita, sentado junto al cadáver que, antes de que vinieran a recogerlo del ayuntamiento, seguía sin cubrirlo ni una estera de paja; cuando agitó la latita como si no supiera qué hacer con ella, sonó un clic-clic, y el empleado, con un impulso de béisbol, la arrojó entre las ruinas calcinadas de delante de la estación, a un rincón oscuro donde ya había crecido la hierba espesa del verano; al caer, la tapa se desprendió, se esparció un polvillo blanco y tres pequeños trozos de hueso rodaron por el suelo espantando a veinte o treinta luciérnagas diseminadas por la hierba que echaron a volar precipitadamente en todas direcciones, entre parpadeos de luz, apaciguándose al instante."
Una película
La adaptación del relato que propongo es una pelicula de animación japonesa dirigida por Isao Takahata en 1988 y que lleva el mismo nombre. Está considerada una de las mejores películas antibelicistas de todos los tiempos y una obra de arte de la animación.

La vi antes de leer la novela y me pareció preciosa. Es una de las películas más tristes que he visto en mi vida. Son 93 minutos de llanto así que si necesitáis un momento catárquico, aquí está vuestra película. 


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